(me niego a los hipervínculos, así que como siempre...)
http://www.youtube.com/watch?v=fZeA0PbjcdI
no quiero que toquemos la luna con la punta de los dedos, quiero agarrarla fuerte y hacerla explotar dentro de mi puño, y que no estalle en mil pedazos, que se haga infinita con infinitas gotas de sangre tiñéndola para que siempre tengamos una luna roja.
no quiero tener el mundo en la palma de mis manos, pues si la luna ha reventado sólo necesito tener el mundo bajo la planta de uno de mis piés para chafarlo contra el suelo cósmico encharcado de sangre lunática.
no te voy a desear con todas mis fuerzas, sino que te desearé con todas y cada una de mis erecciones de luna roja clavándose en su cuerpo para que demuestres que no quieres morir y que vas a sobrevivir.
y si sobrevives no te quiero para siempre a mi lado, te quiero a ratos sobre mí gritando enloquecida para ver los reflejos de tu voz desgarrándose sobre los cachos de luna roja en tu pecho.
después, cuando descanses, no quiero una fina capa de piel entre tú y yo, quiero entre nosotros un vasto océano que nos desquicie para agarrarlo con las manos y dejarlo caer sobre las ciudades y que se habiten los fondos transoceánicos, y así demostrarte que no existe la distancia
no quiero que tras alterar el orden geográfico del planeta chafado me susurres al oido palabras de amor para consolarme, desgañítate durante horas hasta que desfigures mi serenidad a base de broncas extremadamente materiales y jodidamente físicas.
y cuando, sordo, te busque, no quiero encontrarte en un paraje idílico por casualidad, quiero ir a drede a un páramo de ira en secano y que cuando me veas salgas corriendo despavorida peleando por sacarme un metro más de ventaja.
y si te cansas de correr, tampoco iré a buscarte a lo más alto de la más alta torre y matar al dragón de no sé qué cuento de hadas, pero sí que te buscaré en el peor tuburio calentando a un tipejo para que te pague un pico y le vacilaré y me pelearé con él hasta que cuando me empuje al suelo casi muerto te agaches acluquillada a mi lado y llorando me digas que deje de gritarle a ese cerdo, que pare ya.
y como me lleves en bolandas a tu palacete de princesa te mato; así que cuando me arrastres hasta tu habitación en el edificio con más homicidios por habitación de la ciudad, no quiero que hagamos el amor en terciopelo, quiero que, entre cartones, follemos como perros para combatir un frío invierno neoyorkino; y que de la basura, resultemos relucientes vencedores.
pero tienes que saber que si cualquier tipo trajeado se acerca a ofrecernos cobijo por mero altruismo solidario, no se lo agradeceré con una amable sonrisa, sino que me levantaré enfurecido, lo acuchillaré allí mismo agarrándole del hombro y con la navaja clavándose en su abdómen repetidas veces, me cagaré en su sombrero y después de quemarle la ropa huiremos cogidos de la mano hacia no sé qué portal detartalado.
y lo peor no es que me vaya a afligir con este arte inductivo, sino que acabaré con mucha más dignidad de la que nunca hayas imaginado y nunca me habrás tenido tantas ganas...
¡a llorar a la iglesia!
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lunes, septiembre 06, 2010
domingo, junio 13, 2010
gracias, perra
ahí te quería ver yo
ayudas, consejos, imposiciones, conversaciones opresoras (porque al final tenemos que poner palabras a lo que sentimos), himnos de gloria, trascendentalismo, espiritualidad, más allá de un más acá, anclajes oxidados en sangre, vuelos impresionantes sobre horizontes impensables, revoloteos icarianos, metáforas porque no hay palabras, trasiegos, concretitud, inmensidad, diálogo, lo que me retiene al suelo del sur,
lo que me hace volar,
que me hace volar,
me hace volar,
hace volar,
volar,
volar,
volar...
VOLAR
VOLAR
VUALÁ!
¿y sabes qué es lo mejor? que sólo me puedes entender si no hablo.
y también que no te puedo pedir que calles nada, porque en realidad ninguno de nosotros sabría cómo contarlo ni a quién.
llaman a la puerta con unos anclajes entre los brazos y bye bye men se diluyen en el sumidero que me eleva.
amazing shining,
bonito gesto a fin de cuentas ;)
ayudas, consejos, imposiciones, conversaciones opresoras (porque al final tenemos que poner palabras a lo que sentimos), himnos de gloria, trascendentalismo, espiritualidad, más allá de un más acá, anclajes oxidados en sangre, vuelos impresionantes sobre horizontes impensables, revoloteos icarianos, metáforas porque no hay palabras, trasiegos, concretitud, inmensidad, diálogo, lo que me retiene al suelo del sur,
lo que me hace volar,
que me hace volar,
me hace volar,
hace volar,
volar,
volar,
volar...
VOLAR
VOLAR
VUALÁ!
¿y sabes qué es lo mejor? que sólo me puedes entender si no hablo.
y también que no te puedo pedir que calles nada, porque en realidad ninguno de nosotros sabría cómo contarlo ni a quién.
llaman a la puerta con unos anclajes entre los brazos y bye bye men se diluyen en el sumidero que me eleva.
amazing shining,
bonito gesto a fin de cuentas ;)
jueves, mayo 06, 2010
Táctica y Estrategia
Recuerdo que era un enano cuando empecé a desarrollar mi táctica estrella. No tendría más de cinco años cuando empezaba a brillar mi talentosa cualidad.
Era verano y yo pasaba siempre unas semanas en casa de mi abuela, y mi abuela, como todas las abuelas (y sobre todo siendo yo su primer nieto) se empeñó en ayudar a mi madre en mi educación.
Yo, a mis cortas entendederas, entendí que la educación que me querían dar mis abuelos se reducía a comer con la espalda recta, usar correctamente los cubiertos, no molestar demasiado, jugar incansablemente y, sobre todo, dormir la siesta. Joder, eran abuelos, debían inculcar eso de la siesta!
Mi abuela era la responsable principal de transmitirme este conocimiento; siempre me convencía diciéndome que no íbamos a dormir, que íbamos a descansar un rato (nunca entendí eso hasta que pasé los dieciséis). mis cálculos y elucubraciones varias me llevan a pensar que después de haberme sentido estafado varias tardes, empecé a desarrollar la habilidad de la que hablaba.
Todo comenzaba haciéndole notar a mi abuela mi calor, pudiendo así alejarme un poco en la cama. Poco a poco iba deslizando mi grácil cuerpo de niño de cinco años hasta el frío suelo de una habitación oscura en la que dormían mis abuelos normalmente (ahora ocupada por mi somnolienta abuela y por su nieto hiperactivo). Notaba cada arruga de la sábana que podía hacerle a mi cancervera educativa emerger del duermevela como una ballena del mar. A veces pasaba, sí, me decía el "¿a dónde va usted?" mientras me agarraba del brazo frustrando mi huída; pero la mayoría de las veces no era así, en la mayoría de mis calurosas siestas solía salir triunfante hasta el salón, donde mi abuelo, siempre tan cómplice de todas mis jodiendas, me sentaba con él a ver la vuelta ciclista por la dos.
Eran unos momentos de gloria inexpugnables. Juraría ahora sobre mi persona que jamás me sentía tan feliz como cuando burlaba las barreras de seguridad educativas que me imponían vilmente (gracias abuela por enseñarme lo que era la bendita siesta).
Y ésta era mi táctica: deslizarme paulatinamente de la cama hasta desaparecer (metáfora que bien me podría describir actualmente); lo que desconocía era la estrategia. ¿cuál sería la estrategia de esta maravillosa táctica?, siempre me lo he preguntado, y por fin lo sé: pasar la mayor parte del tiempo despierto, los ojos abiertos y el corazón latiendo más rápido de lo normal. la cara expectante escondido tras un sofá mientras que simulaban que yo no estaba, y saltar sobre ellos como un león enfurecido, gruñendo y gritando a cuatro patas, despeinado y enseñándo los dientes, en pijama. Saltar y gritar, hacer ruido, mucho ruido, incluso sentir dolor, la única forma de sentirme vivo.
Y me doy cuenta ahora de la estrategia, cuando he tenido que desarrollar La Táctica en mi casa con mi hermana pequeña, que siempre se despierta a media noche llamando a su mamá. y hoy ha tenido la suerte de tener a su hermano mayor en la habitación de al lado para prometerle que no había nada detrás de la puerta, convencerle de que se durmiese y asegurarle que dormiría con ella toda la noche. Y tan sólo diez minutos después, cuando su respiración se había relajadao, me estaba viendo a mí mismo, con mis no sé cuantos años, deslizándome poco a poco por sus sábanas hasta sentir el frío suelo de la habitación de una niña de cuatro años, repleta de peluches y cenefas de patitos bailarines y sonrientes.
y mis dos cancerveras de la cama se llaman igual.
(por cierto, un suave desliz de sábanas para todas las mariluz)
(tampoco quisiera que éste fuese mi homenaje al poeta...)
Era verano y yo pasaba siempre unas semanas en casa de mi abuela, y mi abuela, como todas las abuelas (y sobre todo siendo yo su primer nieto) se empeñó en ayudar a mi madre en mi educación.
Yo, a mis cortas entendederas, entendí que la educación que me querían dar mis abuelos se reducía a comer con la espalda recta, usar correctamente los cubiertos, no molestar demasiado, jugar incansablemente y, sobre todo, dormir la siesta. Joder, eran abuelos, debían inculcar eso de la siesta!
Mi abuela era la responsable principal de transmitirme este conocimiento; siempre me convencía diciéndome que no íbamos a dormir, que íbamos a descansar un rato (nunca entendí eso hasta que pasé los dieciséis). mis cálculos y elucubraciones varias me llevan a pensar que después de haberme sentido estafado varias tardes, empecé a desarrollar la habilidad de la que hablaba.
Todo comenzaba haciéndole notar a mi abuela mi calor, pudiendo así alejarme un poco en la cama. Poco a poco iba deslizando mi grácil cuerpo de niño de cinco años hasta el frío suelo de una habitación oscura en la que dormían mis abuelos normalmente (ahora ocupada por mi somnolienta abuela y por su nieto hiperactivo). Notaba cada arruga de la sábana que podía hacerle a mi cancervera educativa emerger del duermevela como una ballena del mar. A veces pasaba, sí, me decía el "¿a dónde va usted?" mientras me agarraba del brazo frustrando mi huída; pero la mayoría de las veces no era así, en la mayoría de mis calurosas siestas solía salir triunfante hasta el salón, donde mi abuelo, siempre tan cómplice de todas mis jodiendas, me sentaba con él a ver la vuelta ciclista por la dos.
Eran unos momentos de gloria inexpugnables. Juraría ahora sobre mi persona que jamás me sentía tan feliz como cuando burlaba las barreras de seguridad educativas que me imponían vilmente (gracias abuela por enseñarme lo que era la bendita siesta).
Y ésta era mi táctica: deslizarme paulatinamente de la cama hasta desaparecer (metáfora que bien me podría describir actualmente); lo que desconocía era la estrategia. ¿cuál sería la estrategia de esta maravillosa táctica?, siempre me lo he preguntado, y por fin lo sé: pasar la mayor parte del tiempo despierto, los ojos abiertos y el corazón latiendo más rápido de lo normal. la cara expectante escondido tras un sofá mientras que simulaban que yo no estaba, y saltar sobre ellos como un león enfurecido, gruñendo y gritando a cuatro patas, despeinado y enseñándo los dientes, en pijama. Saltar y gritar, hacer ruido, mucho ruido, incluso sentir dolor, la única forma de sentirme vivo.
Y me doy cuenta ahora de la estrategia, cuando he tenido que desarrollar La Táctica en mi casa con mi hermana pequeña, que siempre se despierta a media noche llamando a su mamá. y hoy ha tenido la suerte de tener a su hermano mayor en la habitación de al lado para prometerle que no había nada detrás de la puerta, convencerle de que se durmiese y asegurarle que dormiría con ella toda la noche. Y tan sólo diez minutos después, cuando su respiración se había relajadao, me estaba viendo a mí mismo, con mis no sé cuantos años, deslizándome poco a poco por sus sábanas hasta sentir el frío suelo de la habitación de una niña de cuatro años, repleta de peluches y cenefas de patitos bailarines y sonrientes.
y mis dos cancerveras de la cama se llaman igual.
(por cierto, un suave desliz de sábanas para todas las mariluz)
(tampoco quisiera que éste fuese mi homenaje al poeta...)
domingo, febrero 14, 2010
Sólo uno de nosotros se salva del violador
(escuchad esto mientras leeis el textillo, os juro que me parece brutal)
http://www.youtube.com/watch?v=bQLvBUAe2DI&feature=PlayList&p=3DE6D0BAD8AE47F3&playnext=1&playnext_from=PL&index=9
"Solamente uno de nosotros se salva del violador", me repito en mi cabeza y todo me resulta tan extraño. Hace un momento estaba en mi sofá y ya no lo entiendo. Es insultante lo inusitado del destino y el sigilo con el que se acerca por detrás y nos agarra con su bolsa de plástico en neblina.
Es, al menos, extraño. Todo ahora parece más fácil, todo se resume a tomar decisiones. Hace un momento me preocupabas tú y tus tonterías, y ahora, el irreductible hilo del tiempo me ha borrado de un zarpazo para disuadirme de que me inquieten otras cosas. Yo también podría haber hecho esto hace un momento. Yo también podría haber hecho que toda esta gente que nos meamos y lloramos encima ahora esté en las vísperas de la muerte más dolorosa, punzante y persistente. Nadie hubiese imaginado seentir este dolor y ser desposeído de todo lo demás, de toda retahila de innecesidades abotargantes.
Esa muchacha negra llora con sus cabellos sudados adheridos a su frente mientras un pañuelo humedecido por su propia saliva le presiona la boca para hacerla callar; aquel ejecutivo de traje que suspira desquiciado tras otro pañuelo amordazante jamás se hubiese imaginado autista, miedica, con los pantalones meados y con toda esta gente alrededor. Esa muchacha gordita y rubita de quince años que hasta hace dos días pasaba las tardes pintando castillos en su habitación, iba a tener hoy una experiencia sexual trémula y desgastadora de conciencia, y además, iba a ser asesinada por estrangulamiento en su única relación con un hombre escuchando gritos de "muere gorda muere" encima de ella. Ni tan siquiera aquella prostituta anciana y retrasada mental, que tantas cosas había tenido que sufrir, era capaz de entender a qué niveles puede llegar la tortura humana alcanzando estratos de la realidad en los que un perro te viola obseso por sus instintos mientras un grupo de gente enmascarada ríe ante tus lágrimas que se deslizan de tu cara al asfalto directamente; y por supuesto, no es capaz de intuir la fuerza que albergaba su ser antes de ser maniatada y maltratada.
Somos seres de energía brillante y poderosa. Somos la crema del café que desborda en las cafeterías coquetas y elegantes. Somos el último alivio de Dios a través del cual se relajó para siempre. Provenimos del mismo seno de la Tierra y somos la máxima cúspide del universo. Somos capaces de todo lo que nos propongamos todos y cada uno de nosotros. Somos sublimes almas destinadas a elevarse hasta evaporarse en la eternidad.
y yo me salvo del violador hoy.
http://www.youtube.com/watch?v=bQLvBUAe2DI&feature=PlayList&p=3DE6D0BAD8AE47F3&playnext=1&playnext_from=PL&index=9
"Solamente uno de nosotros se salva del violador", me repito en mi cabeza y todo me resulta tan extraño. Hace un momento estaba en mi sofá y ya no lo entiendo. Es insultante lo inusitado del destino y el sigilo con el que se acerca por detrás y nos agarra con su bolsa de plástico en neblina.
Es, al menos, extraño. Todo ahora parece más fácil, todo se resume a tomar decisiones. Hace un momento me preocupabas tú y tus tonterías, y ahora, el irreductible hilo del tiempo me ha borrado de un zarpazo para disuadirme de que me inquieten otras cosas. Yo también podría haber hecho esto hace un momento. Yo también podría haber hecho que toda esta gente que nos meamos y lloramos encima ahora esté en las vísperas de la muerte más dolorosa, punzante y persistente. Nadie hubiese imaginado seentir este dolor y ser desposeído de todo lo demás, de toda retahila de innecesidades abotargantes.
Esa muchacha negra llora con sus cabellos sudados adheridos a su frente mientras un pañuelo humedecido por su propia saliva le presiona la boca para hacerla callar; aquel ejecutivo de traje que suspira desquiciado tras otro pañuelo amordazante jamás se hubiese imaginado autista, miedica, con los pantalones meados y con toda esta gente alrededor. Esa muchacha gordita y rubita de quince años que hasta hace dos días pasaba las tardes pintando castillos en su habitación, iba a tener hoy una experiencia sexual trémula y desgastadora de conciencia, y además, iba a ser asesinada por estrangulamiento en su única relación con un hombre escuchando gritos de "muere gorda muere" encima de ella. Ni tan siquiera aquella prostituta anciana y retrasada mental, que tantas cosas había tenido que sufrir, era capaz de entender a qué niveles puede llegar la tortura humana alcanzando estratos de la realidad en los que un perro te viola obseso por sus instintos mientras un grupo de gente enmascarada ríe ante tus lágrimas que se deslizan de tu cara al asfalto directamente; y por supuesto, no es capaz de intuir la fuerza que albergaba su ser antes de ser maniatada y maltratada.
Somos seres de energía brillante y poderosa. Somos la crema del café que desborda en las cafeterías coquetas y elegantes. Somos el último alivio de Dios a través del cual se relajó para siempre. Provenimos del mismo seno de la Tierra y somos la máxima cúspide del universo. Somos capaces de todo lo que nos propongamos todos y cada uno de nosotros. Somos sublimes almas destinadas a elevarse hasta evaporarse en la eternidad.
y yo me salvo del violador hoy.
sábado, noviembre 28, 2009
Dipsomanía, preciosas palabras
(vuelve y vuela la música http://www.youtube.com/watch?v=aEj-mrwwaxo )
a escupitazos se pueden contar por docenas.
Más de cuatro millones de muertos debajo de mi cama y yo encima riñendo por un trago más de whisky contra mí mismo.
Dame más alcohol que pierda aún más las llaves de casa y llévame a empujones y en cuanto me abras la puerta ... suéltame, que ya llego yo hasta el armario del vino. Al librarte de mi peso oirás el seco golpe de mi cara sudada contra el suelo,no te asustes, y me verás rastrear un rastro inadvertible arrastrando mi dipsomaníaco cuerpo por el suelo.
Baba, saliva, sudor, sangre (quizás), mierda y roña, alcohol en la ropa; y además, un tiro en el pecho (me gusta imaginármelo, así justifico mis renqueantes andares). No es mucho el sudor, pero sí es frío, frío como un cuchillo que se pasea por mi garganta, visceras y cerebro, arañando, serenamente, cada centímetro cuerdo de mi cuerpo.
Sólo consigo acercarme al sillón y echarme otro whisky más con ...
-¿qué es eso? ¿queda?
-joder, es un puto poso de un vaso de mierda. Deja de hacer el idiota y vámonos a la cama.
-pásamelo
no sé qué era
marrón acocacolado con no sé qué aderezo; pero irremediablemente perfecto para mi whisky.
el dorado y alegre sabor del whisky...¡oooh dios mío! líbrame ya de este cuerpo o dame más ambrosía, no me entremaltrates...
-¿Hay hielo?
-Hay, pero joder, vamos a la cama, que están lloviendo perros y las dársenas están llenas de tumultos de cuerpos sedientos que encuentro por todas partes, y se acumulan en forma de montañas curvas e inconexas y no sé si son inmediatamente cónvexas o tal vez cóncavas
....y ...échame hielo que siga...
y están perfectamente compactas, aunque de vez en cuando, si se trepan boca abajo se pueden desplomar cientos de cuerpos diminutos y aplastarte contra el frío suelo de este tercero D. Te aseguro que más de dos mil putas me están esperando allí abajo para que caiga sobre ellas, tienen serviletas asomando por el escote y tenedor y cuchillo con las manos alzadas.
creo que estoy o soy pesadilla antes de navidad, porque es antes de navidad y estoy alucinando como un hijo de puta, como debe ser; y sólo me apetece decir la palabra "puta", y de vez en cuando "joder" también; y esta inocente Marla Singer asesinada que me acompaña se está cansando de mí al mismo tiempo que me ama más y más, ¡pero tiene tantas ganas de llorar!... que le apetece follar para recordar buenos y viejos tiempos, de cuando iba a la escuela primaria; y, para ello, ha escogido a un borracho que le recita a bukowsky y con los ojos en blanco le da lecciones de vida mientras que sólo piensa en follar hasta sudar el mecanismo que hace moverse al mundo y oxidarlo hasta la extenuación.
Y borracho y quieto en mi sofá amarillo
con luces de neón atravesando mi vislumbre,
enciendo un mechero cauteloso
y me fumo el último cigarrillo del paquete.
empujo su cuerpo moribundo de encima de la mesa
con mis propios zapatos
para poner los pies sobre la mesilla.
Cae al suelo,
despierta envuelta en cocaína
y se sienta a mi lado para abrazarme ad infinitum.
a escupitazos se pueden contar por docenas.
Más de cuatro millones de muertos debajo de mi cama y yo encima riñendo por un trago más de whisky contra mí mismo.
Dame más alcohol que pierda aún más las llaves de casa y llévame a empujones y en cuanto me abras la puerta ... suéltame, que ya llego yo hasta el armario del vino. Al librarte de mi peso oirás el seco golpe de mi cara sudada contra el suelo,no te asustes, y me verás rastrear un rastro inadvertible arrastrando mi dipsomaníaco cuerpo por el suelo.
Baba, saliva, sudor, sangre (quizás), mierda y roña, alcohol en la ropa; y además, un tiro en el pecho (me gusta imaginármelo, así justifico mis renqueantes andares). No es mucho el sudor, pero sí es frío, frío como un cuchillo que se pasea por mi garganta, visceras y cerebro, arañando, serenamente, cada centímetro cuerdo de mi cuerpo.
Sólo consigo acercarme al sillón y echarme otro whisky más con ...
-¿qué es eso? ¿queda?
-joder, es un puto poso de un vaso de mierda. Deja de hacer el idiota y vámonos a la cama.
-pásamelo
no sé qué era
marrón acocacolado con no sé qué aderezo; pero irremediablemente perfecto para mi whisky.
el dorado y alegre sabor del whisky...¡oooh dios mío! líbrame ya de este cuerpo o dame más ambrosía, no me entremaltrates...
-¿Hay hielo?
-Hay, pero joder, vamos a la cama, que están lloviendo perros y las dársenas están llenas de tumultos de cuerpos sedientos que encuentro por todas partes, y se acumulan en forma de montañas curvas e inconexas y no sé si son inmediatamente cónvexas o tal vez cóncavas
....y ...échame hielo que siga...
y están perfectamente compactas, aunque de vez en cuando, si se trepan boca abajo se pueden desplomar cientos de cuerpos diminutos y aplastarte contra el frío suelo de este tercero D. Te aseguro que más de dos mil putas me están esperando allí abajo para que caiga sobre ellas, tienen serviletas asomando por el escote y tenedor y cuchillo con las manos alzadas.
creo que estoy o soy pesadilla antes de navidad, porque es antes de navidad y estoy alucinando como un hijo de puta, como debe ser; y sólo me apetece decir la palabra "puta", y de vez en cuando "joder" también; y esta inocente Marla Singer asesinada que me acompaña se está cansando de mí al mismo tiempo que me ama más y más, ¡pero tiene tantas ganas de llorar!... que le apetece follar para recordar buenos y viejos tiempos, de cuando iba a la escuela primaria; y, para ello, ha escogido a un borracho que le recita a bukowsky y con los ojos en blanco le da lecciones de vida mientras que sólo piensa en follar hasta sudar el mecanismo que hace moverse al mundo y oxidarlo hasta la extenuación.
Y borracho y quieto en mi sofá amarillo
con luces de neón atravesando mi vislumbre,
enciendo un mechero cauteloso
y me fumo el último cigarrillo del paquete.
empujo su cuerpo moribundo de encima de la mesa
con mis propios zapatos
para poner los pies sobre la mesilla.
Cae al suelo,
despierta envuelta en cocaína
y se sienta a mi lado para abrazarme ad infinitum.
domingo, mayo 31, 2009
ingobernable e feroce
(pocas veces escribo sin música....
http://www.youtube.com/watch?v=R8MzHqkNBwo
)
No te exaltes ni te vayas, muchacha.
No te inquietes el alma que la noche
es joven para nosotros, muchacha.
No te sientas oscura que esta noche nuestra
Es oscura como todas las noches.
No te pienses desnuda en el camino
Ni te crezcas al vuelo mañanero.
No obedezcas al silbido del viento
Entre las hojas que acarician ásperas
No te enredes al verso que te nombra,
¿Qué no es estrofa ni es rima?,
¿Qué es sólo sentido expuesto y enfermo?
Tranquila observa sentada al poeta.
No te sientes en cada farola
A esperar a quien te grita,
No te sientas tan sólo farola
Si te esperan o te gritan.
Sé una flor acariciada por una línea
Que se ondee para nosotros.
Inquebrantable y feroz
Ingobernable e feroce.
Sé el nido del sexo sudado
Y del verso acostado
De los ojos entornados
Que golpean el teclado
Y escriben consternados
Al tempo pausado
De la melodía de estas, nuestras pequeñas cosas.
Y álzate y baila, báilame alzada.
Antigua compañera de otras vidas
De otros pasajes del mismo capítulo encerrado
Danza a esta música escrita en ti desnuda.
http://www.youtube.com/watch?v=R8MzHqkNBwo
)
No te exaltes ni te vayas, muchacha.
No te inquietes el alma que la noche
es joven para nosotros, muchacha.
No te sientas oscura que esta noche nuestra
Es oscura como todas las noches.
No te pienses desnuda en el camino
Ni te crezcas al vuelo mañanero.
No obedezcas al silbido del viento
Entre las hojas que acarician ásperas
No te enredes al verso que te nombra,
¿Qué no es estrofa ni es rima?,
¿Qué es sólo sentido expuesto y enfermo?
Tranquila observa sentada al poeta.
No te sientes en cada farola
A esperar a quien te grita,
No te sientas tan sólo farola
Si te esperan o te gritan.
Sé una flor acariciada por una línea
Que se ondee para nosotros.
Inquebrantable y feroz
Ingobernable e feroce.
Sé el nido del sexo sudado
Y del verso acostado
De los ojos entornados
Que golpean el teclado
Y escriben consternados
Al tempo pausado
De la melodía de estas, nuestras pequeñas cosas.
Y álzate y baila, báilame alzada.
Antigua compañera de otras vidas
De otros pasajes del mismo capítulo encerrado
Danza a esta música escrita en ti desnuda.
jueves, enero 22, 2009
adioses diarios
llevo sentado en el sofá hará unas dos horas, o mil minutos, o un día y medio, no lo sé, he perdido la cuenta. me zarandeo con la barbilla sobre las rodillas como un chiquillo autista y empiezo a mirar a todos lados tan pronto como dejo de mirar fíjamente a un mismo punto.
doy vueltas por toda la casa intentando acordarme de algo que hacer, me siento al ordenador a ver si te encuentro y tampoco. sigo dando vueltas por casa.
el reloj de pared, tan cuco como siempre, me parece un reloj de arena de pronóstico maldito, cada movimiento parece hechar sobre mí pecho un poco más de cemento.
hace un calor espantoso y me estorba la ropa, comienzo a sudar como un descosido. me pica la nuca, la rasco, y me pica la oreja, y el estómago, y la cara, y las plantas de los pies ...y no parezco estallar en carcajadas.
el pelo cada vez más grasoso y despeinado, las cuencas de mis ojos oscurecen y se amoratan, cada vez más lejos del mundo mis ojos.
desespero
desespero completamente al ver que no llegas.
no quedamos en llamarnos pero lo esperaba.
lo esperaba, eva, lo esperaba.
desespero
vuelve el tictaqueo de ese reloj autómata; cada tic un soplo de aire caliente, cada tac un hachazo.
me acerco al frigorífico y no hay agua fresca, ni nada fresco, ni un cubito que hecharme a la boca, nada, y nada es nada.
intento resetear mis ideas y poner cada mueble en su sitio: las sillas con las sillas, los ataudes con los ataudes, las batidoras con las batidoras, las almohadas con las almohadas; intento que cada cosa ocupe su sitio y desato la algarabía maravillosa que todo lo torna: el desorden, desespero.
vuelvo a llenarme el pecho de aire una y otra vez mirando al teléfono encima de la mesa, intentando estar pensando que todo va a salir bien; pero tan pronto como lo intento me desmorono: te olvidaste de mí y lo admito, aunque me cueste; te cansaste, esperabas un muchacho esbelto y guapo y cariñoso, y encuentras esto... sí te entiendo, tranquila, no pasa nada.
cada segundo es una gota roja que regalo al mundo.
no necesito más la sangre si no tengo con quien mezclarla, si no tengo con quien disparar desde ahí arriba... ¡me siento tan ínfimo!...
vuelvo a llenarme el pecho de un aire insípido y cálido, mil veces respirado.
empiezo a ser consciente de que mirarás de otra forma, de que nada esperas de alguien que nada puede darte.
los tanques vuelan de un lugar a otro pisándome todos y cada uno de ellos: angustia es la palabra... desesperación, quizás.
¿vomitarás si te digo que desde que nos acostamos no me he duchado? da igual que nos hayamos acostado ayer o ahora mismo, ¿vomitarías?
me pesan estos párpados de plomo y los mantengo abiertos hasta el amanecer, desesperado, angustiado, maltratado por el tictaqueo homicida...
me tiro del pelo, me lo arranco y grito. golpeo mi cabeza contra ese muro de contención que todos tenemos, desesperado, triste.
me meto la mano en el pecho y tiro de algo con fuerza entre lágrimas y griteríos y espasmos incontrolables. arranco el órgano lo lanzo por la ventana y caigo en un desdén de la razón.
intento llenar mi pecho de aire por última vez, y muere en gorgotones de sangre y oxígeno.
suena el teléfono temblando sobre la mesa:
-¿qué tal? ¿nos tomamos algo?
-claro, ahora voy.
todo vuelve a la normalidad que buscaba, con la conciencia intranquila repleta de saber que tras de esto queda el rastro de un siempre funcionar así enfermizo, de un no saber cómo controlar ese sin-yo que desatina y mata al más fuerte si es necesario...
y tras tu próxima ausencia, idéntica mi condolencia.
a cada paso, un paso más hacia ninguna parte
doy vueltas por toda la casa intentando acordarme de algo que hacer, me siento al ordenador a ver si te encuentro y tampoco. sigo dando vueltas por casa.
el reloj de pared, tan cuco como siempre, me parece un reloj de arena de pronóstico maldito, cada movimiento parece hechar sobre mí pecho un poco más de cemento.
hace un calor espantoso y me estorba la ropa, comienzo a sudar como un descosido. me pica la nuca, la rasco, y me pica la oreja, y el estómago, y la cara, y las plantas de los pies ...y no parezco estallar en carcajadas.
el pelo cada vez más grasoso y despeinado, las cuencas de mis ojos oscurecen y se amoratan, cada vez más lejos del mundo mis ojos.
desespero
desespero completamente al ver que no llegas.
no quedamos en llamarnos pero lo esperaba.
lo esperaba, eva, lo esperaba.
desespero
vuelve el tictaqueo de ese reloj autómata; cada tic un soplo de aire caliente, cada tac un hachazo.
me acerco al frigorífico y no hay agua fresca, ni nada fresco, ni un cubito que hecharme a la boca, nada, y nada es nada.
intento resetear mis ideas y poner cada mueble en su sitio: las sillas con las sillas, los ataudes con los ataudes, las batidoras con las batidoras, las almohadas con las almohadas; intento que cada cosa ocupe su sitio y desato la algarabía maravillosa que todo lo torna: el desorden, desespero.
vuelvo a llenarme el pecho de aire una y otra vez mirando al teléfono encima de la mesa, intentando estar pensando que todo va a salir bien; pero tan pronto como lo intento me desmorono: te olvidaste de mí y lo admito, aunque me cueste; te cansaste, esperabas un muchacho esbelto y guapo y cariñoso, y encuentras esto... sí te entiendo, tranquila, no pasa nada.
cada segundo es una gota roja que regalo al mundo.
no necesito más la sangre si no tengo con quien mezclarla, si no tengo con quien disparar desde ahí arriba... ¡me siento tan ínfimo!...
vuelvo a llenarme el pecho de un aire insípido y cálido, mil veces respirado.
empiezo a ser consciente de que mirarás de otra forma, de que nada esperas de alguien que nada puede darte.
los tanques vuelan de un lugar a otro pisándome todos y cada uno de ellos: angustia es la palabra... desesperación, quizás.
¿vomitarás si te digo que desde que nos acostamos no me he duchado? da igual que nos hayamos acostado ayer o ahora mismo, ¿vomitarías?
me pesan estos párpados de plomo y los mantengo abiertos hasta el amanecer, desesperado, angustiado, maltratado por el tictaqueo homicida...
me tiro del pelo, me lo arranco y grito. golpeo mi cabeza contra ese muro de contención que todos tenemos, desesperado, triste.
me meto la mano en el pecho y tiro de algo con fuerza entre lágrimas y griteríos y espasmos incontrolables. arranco el órgano lo lanzo por la ventana y caigo en un desdén de la razón.
intento llenar mi pecho de aire por última vez, y muere en gorgotones de sangre y oxígeno.
suena el teléfono temblando sobre la mesa:
-¿qué tal? ¿nos tomamos algo?
-claro, ahora voy.
todo vuelve a la normalidad que buscaba, con la conciencia intranquila repleta de saber que tras de esto queda el rastro de un siempre funcionar así enfermizo, de un no saber cómo controlar ese sin-yo que desatina y mata al más fuerte si es necesario...
y tras tu próxima ausencia, idéntica mi condolencia.
a cada paso, un paso más hacia ninguna parte
domingo, diciembre 28, 2008
bonita foto pasada
un beso en la mejilla
de una amiga a un amigo
un gesto espontáneo y maravilloso
, espléndido
ella coge su cara
acerca sus labios rosados
a su oronda mejilla
y le besa
él sonríe
es feliz
es así
es un niño
una sonrisa agradable
una sonrisa
que haría sentir bien a cualquier
algo más bonito que eso para alguien tan bonito
valió infinitamente la pena
de una amiga a un amigo
un gesto espontáneo y maravilloso
, espléndido
ella coge su cara
acerca sus labios rosados
a su oronda mejilla
y le besa
él sonríe
es feliz
es así
es un niño
una sonrisa agradable
una sonrisa
que haría sentir bien a cualquier
algo más bonito que eso para alguien tan bonito
valió infinitamente la pena
martes, diciembre 09, 2008
un viaje inolvidable e inesperado
No soy esa clase de personas que andan sueltos poniendo banda sonora a su vida, de hecho los odio, pero esta no es la entrada del odio.
Conozco a una chica que me llevó hace un rato de viaje. Jamás lo había pasado tan bien, y en este caso, la banda sonora estuvo bien.
Llegamos a París, ella quería ir y fuimos. Nos acostamos en un cesped para que la brisa nos besase durante un par de horas. Nos cansamos de eso y nos fuimos a una pequeña plaza de les 400 coups. Había una fuente, un nogal y un quiosco; niños correteando y dos niñas sentadas en un banco balanceando sus pies mientras besuqueaban un helado de chocolat, ellas son geniales, mejores que todos los que allí estábamos (años después serían pareja).
No había mimos, así que decidimos robar un litro de leche y echar a correr mientras reíamos. El aire intentaba abrazar su pelo, pero no podía, no sé, me gustó esa imagen. Y su sonrisa.
Calle abajo, por donde corríamos, estaba llena de álamos a izquierda y derecha
Había un banco. Realmente bonito, de hierro (con una decoración chulísima) y con el asiento de madera. Había cosas grabadas en ese banco y quise grabar algo yo también, pero me avergoncé y no lo hice.
Allí nos sentamos, los dos.
sssssssshhhhhhhhh
Y de repente llegó el Otoño, todo amarillo verde calmado y marrón, y miles de tonos de naranjas.
Millones de hojas cubrieron el suelo e incluso a nosotros mismos....ella sentía las hojas. Pensé mil cosas más, pero sólo le cogí la mano, sólo la mano, no quería que ninguno nos sintiésemos solos.
Hice que se fuesen las casas de delante y atrás, la carretera también la hice desaparecer, a la gente, a los pocos coches que pasaban, a los perros y gatos que, escondidos, nos miraban también los hice desaparecer; y sólo quedábamos ella y yo sobre el banco bajo el nogal de la plaza, que ya quedaba lejos.
A lo lejos, por donde quiera que mirase se veía el infinito sobre ese paraje de hojas en el suelo de millones de colores. El cielo era blanco, blanco real.
Pero creo que ella no se dió cuenta. No porque no quisiera, no pudo escucharlo, pero en fin, es igual, con que estuviese junto a mí allí a mí me valía
El viaje, por supuesto, continuó, pero mucho más difuso.
Ella quería ver a gente con gorros y a mimos haciéndonos reir.
Yo sólo quería verla sonreir
¡¡¡¡¡¡¡¡ser feliz!!!!!!!!
Conozco a una chica que me llevó hace un rato de viaje. Jamás lo había pasado tan bien, y en este caso, la banda sonora estuvo bien.
Llegamos a París, ella quería ir y fuimos. Nos acostamos en un cesped para que la brisa nos besase durante un par de horas. Nos cansamos de eso y nos fuimos a una pequeña plaza de les 400 coups. Había una fuente, un nogal y un quiosco; niños correteando y dos niñas sentadas en un banco balanceando sus pies mientras besuqueaban un helado de chocolat, ellas son geniales, mejores que todos los que allí estábamos (años después serían pareja).
No había mimos, así que decidimos robar un litro de leche y echar a correr mientras reíamos. El aire intentaba abrazar su pelo, pero no podía, no sé, me gustó esa imagen. Y su sonrisa.
Calle abajo, por donde corríamos, estaba llena de álamos a izquierda y derecha
Había un banco. Realmente bonito, de hierro (con una decoración chulísima) y con el asiento de madera. Había cosas grabadas en ese banco y quise grabar algo yo también, pero me avergoncé y no lo hice.
Allí nos sentamos, los dos.
sssssssshhhhhhhhh
Y de repente llegó el Otoño, todo amarillo verde calmado y marrón, y miles de tonos de naranjas.
Millones de hojas cubrieron el suelo e incluso a nosotros mismos....ella sentía las hojas. Pensé mil cosas más, pero sólo le cogí la mano, sólo la mano, no quería que ninguno nos sintiésemos solos.
Hice que se fuesen las casas de delante y atrás, la carretera también la hice desaparecer, a la gente, a los pocos coches que pasaban, a los perros y gatos que, escondidos, nos miraban también los hice desaparecer; y sólo quedábamos ella y yo sobre el banco bajo el nogal de la plaza, que ya quedaba lejos.
A lo lejos, por donde quiera que mirase se veía el infinito sobre ese paraje de hojas en el suelo de millones de colores. El cielo era blanco, blanco real.
Pero creo que ella no se dió cuenta. No porque no quisiera, no pudo escucharlo, pero en fin, es igual, con que estuviese junto a mí allí a mí me valía
El viaje, por supuesto, continuó, pero mucho más difuso.
Ella quería ver a gente con gorros y a mimos haciéndonos reir.
Yo sólo quería verla sonreir
¡¡¡¡¡¡¡¡ser feliz!!!!!!!!
jueves, diciembre 04, 2008
LAS BOLAS DE TRAPERÍA
...qué insustancial me sentí como humano en el momento exacto en el que ví sobre mi cabeza (y sobre todo bajo el instinto) balancearse unas inmensas y coloridas esferas que, supongo, pretendían transmitir algo parecido a la alegría y bienestar a....¡¿a quién?! ¡Que se presente ante mí inmediatamente el hermafrodita que se excita ante este espectáculo de dantescas naderías!
La solución adelantó a mi razón y... en fin... johnny got his gun. La recortada (preciosa arma antinavideña) la obtuve del bolsillo derecho, los cartuchos del izquierdo.
Una tras otra fueron, y esta vez no poco a poco, cediendo pedazos al suelo. Uno verde (creo), otro azul (quizás) y un tercer pedazo rojo (espero)....y así reventé mi primera hilera de bolas navideñas.
Una tras otra fueron besando los pies de los paseantes que, asustados, aplaudían mi gesta regalándome un ligera sonrisa tímida, pero sincera y agradecida.
Maravilloso espectáculo de fuego y artificios expongo, de pums y sobre todo de pams, demasiados pams...el espléndido sonido de una esfera navideña al explotar.
Tras acabar con todas, sigo con mi cabeza bien alta, pero cuando llegué a la plaza me avergoncé, aunque tan solo un poco, por mis actos esquizofrénicos... hasta que un intérprete de acordeón legitimó mi obra con la melodía de "El Padrino", y eso fue lo más fantástico, lo más mejor (como bien diría un imbécil cualquiera).
Decidí sentarme con él a fumar un algo liado y así fué. Se nos subió pronto a los dos, al músico búlgaro y a mí, el chico de pelo largo. Todo iba bien hasta que pasó un grupo clásico de antisistema y uno de ellos dijo algo así como "mañana compraré la kaximba, aunque no sé, ya casi no me queda dinero para la semana porque el lunes me compré el portátil"
. . .
Rápidamente, como cabía esperar, empecé a buscar cartuchos por todas partes como un loco. No quedaban, además, ya estaban lejos los benditos antisitema y soy algo miope.
Me despedí lo más cortésmente que pude de aquel ángel de la verdad y eché a correr tras ellos.
Y el hecho de golpearles con la recortada hasta que se me cansó el brazo me hizo dejar de sentir tan insustancial....
camino con la autoridad de un rey
La solución adelantó a mi razón y... en fin... johnny got his gun. La recortada (preciosa arma antinavideña) la obtuve del bolsillo derecho, los cartuchos del izquierdo.
Una tras otra fueron, y esta vez no poco a poco, cediendo pedazos al suelo. Uno verde (creo), otro azul (quizás) y un tercer pedazo rojo (espero)....y así reventé mi primera hilera de bolas navideñas.
Una tras otra fueron besando los pies de los paseantes que, asustados, aplaudían mi gesta regalándome un ligera sonrisa tímida, pero sincera y agradecida.
Maravilloso espectáculo de fuego y artificios expongo, de pums y sobre todo de pams, demasiados pams...el espléndido sonido de una esfera navideña al explotar.
Tras acabar con todas, sigo con mi cabeza bien alta, pero cuando llegué a la plaza me avergoncé, aunque tan solo un poco, por mis actos esquizofrénicos... hasta que un intérprete de acordeón legitimó mi obra con la melodía de "El Padrino", y eso fue lo más fantástico, lo más mejor (como bien diría un imbécil cualquiera).
Decidí sentarme con él a fumar un algo liado y así fué. Se nos subió pronto a los dos, al músico búlgaro y a mí, el chico de pelo largo. Todo iba bien hasta que pasó un grupo clásico de antisistema y uno de ellos dijo algo así como "mañana compraré la kaximba, aunque no sé, ya casi no me queda dinero para la semana porque el lunes me compré el portátil"
. . .
Rápidamente, como cabía esperar, empecé a buscar cartuchos por todas partes como un loco. No quedaban, además, ya estaban lejos los benditos antisitema y soy algo miope.
Me despedí lo más cortésmente que pude de aquel ángel de la verdad y eché a correr tras ellos.
Y el hecho de golpearles con la recortada hasta que se me cansó el brazo me hizo dejar de sentir tan insustancial....
camino con la autoridad de un rey
martes, noviembre 18, 2008
Mi jorobado más odiado
Toc toc. Llaman a la puerta. Me incorporo, me acerco. TOC TOC, de nuevo y más intenso. Creo que pregunté algo así como quién es o similar, y al ver que no había respuesta, decidí abrir
rápidamente.
Era él. Aquel jodido jorobado de tres brazos y dos piernas que me alimenta. Ni andrajoso ni nada por el estilo, iba hecho un puto asco. Una peste de más de mil demonios y un aspecto horrible, creo que también portaba un espejo inmenso.
Le empujaba cretinamente a la puerta con el hombro, quería pasar y pasó, siempre sucede así.
Dejó caer el fardo que transportaba desde dios sabe donde, quedándose en sus ropajes una marca sudorosa con la forma de aquel odiable fardo.
Por momentos quiso desvanecerse, pero no se lo permití, lo insté a que se quedase. Al dejar aquel paquete en el suelo, salpicó a las paredes con un extraño líquido de indescribible color que había en su interior, como algún suculento festín de carne putrefacta, maloliente.
Volviendo a la realidad me dijo algo así como: ¡aquí tienes tu droga!, seguido de un carcajada humillante. ¡Joder! ¡Cómo odio eso!, tuve el placer de ver su patética dentadura oxidada y desvencijada seguida de sus encías casi negras. Tosió, siempre lo hace, es como un intento de atentado frustrado por no llevar suficiente gasolina para llegar al lugar. Siempre sucede.
De nuevo intentó reir, pero esta vez no se lo permití. Cerré el puño y le golpeé en su horrendo rostro con todas mis fuerzas. Le hube de haber desfigurado la cara, pero sólo conseguí que frenase esa chirriante risa y que volviese su cara a mi mirada desencajada.
La rabia, instintiva, estalla; sentí un impulso sobrehumano por gritar y no parar de gopearle nunca, pero nunca digas nunca, y así fue, en ningún momento dije nunca.
Mal momento para recordar frases así...
Con mucho esfuerzo sostuve tres lágrimas y ese impulso instintivo; lo último que quiero es que me vea flaquear.
De repente, reorganiza su cuerpo y con una vengativa mirada me declara la guerra fíjamente a los ojos.
¿El resultadode este encuentro fatal?
Ahora escribo sentado a mi escritorio con la cabeza baja sobre, de nuevo, una hoja de papel.
Él, creo, erguido detrás mía, ladeado a la derecha con una sonrisa satisfecha.
Cae otro pedazo de incienso quemado.
rápidamente.
Era él. Aquel jodido jorobado de tres brazos y dos piernas que me alimenta. Ni andrajoso ni nada por el estilo, iba hecho un puto asco. Una peste de más de mil demonios y un aspecto horrible, creo que también portaba un espejo inmenso.
Le empujaba cretinamente a la puerta con el hombro, quería pasar y pasó, siempre sucede así.
Dejó caer el fardo que transportaba desde dios sabe donde, quedándose en sus ropajes una marca sudorosa con la forma de aquel odiable fardo.
Por momentos quiso desvanecerse, pero no se lo permití, lo insté a que se quedase. Al dejar aquel paquete en el suelo, salpicó a las paredes con un extraño líquido de indescribible color que había en su interior, como algún suculento festín de carne putrefacta, maloliente.
Volviendo a la realidad me dijo algo así como: ¡aquí tienes tu droga!, seguido de un carcajada humillante. ¡Joder! ¡Cómo odio eso!, tuve el placer de ver su patética dentadura oxidada y desvencijada seguida de sus encías casi negras. Tosió, siempre lo hace, es como un intento de atentado frustrado por no llevar suficiente gasolina para llegar al lugar. Siempre sucede.
De nuevo intentó reir, pero esta vez no se lo permití. Cerré el puño y le golpeé en su horrendo rostro con todas mis fuerzas. Le hube de haber desfigurado la cara, pero sólo conseguí que frenase esa chirriante risa y que volviese su cara a mi mirada desencajada.
La rabia, instintiva, estalla; sentí un impulso sobrehumano por gritar y no parar de gopearle nunca, pero nunca digas nunca, y así fue, en ningún momento dije nunca.
Mal momento para recordar frases así...
Con mucho esfuerzo sostuve tres lágrimas y ese impulso instintivo; lo último que quiero es que me vea flaquear.
De repente, reorganiza su cuerpo y con una vengativa mirada me declara la guerra fíjamente a los ojos.
¿El resultadode este encuentro fatal?
Ahora escribo sentado a mi escritorio con la cabeza baja sobre, de nuevo, una hoja de papel.
Él, creo, erguido detrás mía, ladeado a la derecha con una sonrisa satisfecha.
Cae otro pedazo de incienso quemado.
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