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miércoles, marzo 26, 2014

De cómo cobran vida


Antes siempre vencía a la muerte porque mis miedos no tenían forma, son sólo miedos. Ahora que me hago mayor, van tomando formas, haciéndose mi muerte. Durante un tiempo me dieron igual, pensaba en poder escribir sobre ellos e ir matándolos, poco a poco; los pintaba en un papel y podía hacerlos volar o arder. 

Ahora me devoran por dentro, con el cuerpo enterrado hasta el cuello atravesado de lombrices, me devoran la cabeza los monstruos que nunca tuvieron forma. Y hoy se forman, se retuercen en sus nombres y apellidos, en su presencia; toman forma en mi violencia que siempre fue poética y la hacen hoy (ayer) cuerpo.

Mi violencia que era un sueño es ahora carne, es músculo, es estampida real contra el cuerpo de mi monstruo de mil caras.
Mi monstruo es real, como real es la partida: absurda realidad vacía. Me cago en sus muertos.

Era verdad, joder.
Era verdad que la gente se volvía loca, era puta verdad. Era verdad que la violencia de un huracán se puede dar en un cuerpo quieto y lleno de ansiedad, que los ojos se salen de las cuencas, que hay miradas que penetran más que el tiempo, y que poder tener acceso a todo
(poder
tener
acceso 
a Todo)
es un auténtico acceso de locura.
Y si ahora me cuento entre los locos, entre las mentes que se pierden ... ¿qué mierda queda de mi? 
Queda la violencia que, sin ser ya poética, es cruda como la oscuridad que me mece y me come. Queda mi cuerpo que es mi mente; queda el estruendo de hacerle frente al monstruo, romper el sonido por quebrarle la vida


de lo que yo pensaba que era, sólo queda un llanto ahogado, un niño solo, una tediosa llanura vacía

sábado, abril 16, 2011

desorientadología

mi piel desierta bajo tus pómulos cuarteados. mi cuerpo yermo, vacuo de energías, siniestro y adverso ante el presente. Un sólo cuerpo agotado ante el presente: horas, minutos, eras, y el mismo resultado, sólo que más viejo.

No hay rumbo para los marineros de aguas turbias, cualquier orilla es puerto querido de embarcaderos desaparecidos, asideros garantes de existencia.


que no te duela el silencio, que te duela el desaliento. que no caigan las lágrimas, que sobrevenga la fuerza y que el ojo del huracán desaparezca. que vengan las olas de dioses y levanten a los titanes del sueño, que vuelvan a alzar, juntos, lo onírico de lo dionisíaco y la cruda tierra de mis entrañas en la espiral de la construcción de la vida.


me he dejado tanto que no me encuentro, permitidme el lloriqueo inadecuado

domingo, junio 13, 2010

dispuestos a volar



puedes entenderlo? puedes entender que no quiero brillar?
eres, siquiera, capaz de comprender lo que pretendo en blanco y negro?
escucha y calla al ritmo que el corazón falla al latido del espero y llego
llora ante el monstruo que se alza inmenso y negro al ritmo de no sé qué tambores
admira como el agua encubitada se transforma en nitroglicerina: del que nada fue, todo se esperará.
saben? no es delito planteárselo, que va! es realmente placentero ver cómo se puede alimentar al horror, vivir haciendo daño, ser sólo si siéndolo.

Doleré a cualquiera que se cruce en mi camino o interponga en mi objetivo, es eso lo que quieres oir?
no me digas que hablo blanco ni que brillo por luz propia ni que con tan sólo un movimiento nos podemos encontrar con la piedra de toque de nuestra salvación. No queda salvación, gaia, para los que no la merecen. Somos condena condenada, el testimonio del que cuyo hastío le asesinó en el mismo seno de su propia imaginación. Somos el grito de salvación de la locura y el desquicie. Somos una nota malsonante prolongada ad infinitum y un puro y pulcro ruido blanco que estremece, sin más. Estremece. Te hace retorcerte sobre ti mismo en vacilaciones ontológicas, escudriñando tu propia existencia ante el dibujante del horror y el pánico, ante la nube de heroína onírica que se estanca en los pulmones solidificándose en clavos de óxido negro, como un sueño:
como el sueño de la especie humana.


Somos el resplandor de un loco esquizofrénico encadenado.

jueves, junio 03, 2010

ave maría purísima

Te lo voy a contar.

El cólico de fé se me amontona en las sienes y me galvaniza las vértebras. Galvanizadas y oxidadas vértebras que sólo se mueven para dolerse y sangrarse.
Es el mismo Dios el que se me agarra a la cabeza y pretende quebrarme el alma y reventarme el cráneo a base de presión; y sólido de odio le escupo indemne. Le grito "olvídate de mí y muere" y lo veo evaporarse en piedra viva.
Son los efluvios de un alma blanca, que se me agarran y me quieren dormir para que no dé a la luz más oscuridad limpia de amor, vacía, vacua como el cerebro de mi especie. Es el mismo Creador que se arrodilló ante mí para engendrarme el que ahora me quiere dormir a base de dolor blanco, repito, que no es más que amor. Y es blanco para que duela más, para que sea más visible la sangre de mi alma en el suelo y en las paredes que se extienden hasta el pensamiento.
Es negro el cielo si hoy río, para moverme a mi antojo; pero si brilla con esplendor y me sonríe a la cara, temo desesperado balanceándome autista en un rincón de mi cuerpo. Arrojo el miedo e introduzco el principio del amor y me enamoro de mi secuestrada ausencia de mí mismo para viajar al galope en pos de mi balancearme inerte bajo el techo que me limpia los ojos de sabiduría y me reina de caos.Caos.


y ya que el caos es el lugar común de nuestra existencia desorientada...